La IA ya está transformando la operación financiera global. Para México, el reto es convertirla en una herramienta de inclusión, seguridad, eficiencia y confianza para comercios y usuarios.
La inteligencia artificial dejó de ser una promesa tecnológica para convertirse en una herramienta estructural dentro de los servicios financieros. El 2026 Global AI in FinancialServices Report, elaborado por el Cambridge Centre for Alternative Finance con la colaboración de organismos como BIS, IMF, WEF, IDB y CGAP, confirma que la adopción de IA avanza rápidamente en la industria financiera global.
Uno de los hallazgos más relevantes es que 81% de las firmas financieras encuestadas ya utiliza IA en algún nivel, aunque solo 14% considera que su adopción ha transformado realmente su estrategia y ventaja competitiva. Esta diferencia revela una brecha importante: la IA se está usando, pero todavía no siempre se está integrando de manera profunda, medible y responsable al modelo de negocio.
Para México, esta conversación es especialmente relevante. En un país donde la digitalización de pagos sigue siendo una prioridad para comercios, usuarios, instituciones financieras, autoridades y empresas tecnológicas, la IA puede convertirse en un habilitador clave para ampliar la aceptación de pagos digitales, reducir fricciones operativas y fortalecer la seguridad del ecosistema.
En el caso de los agregadores de medios de pago, la IA tiene aplicaciones muy concretas. Puede ayudar a mejorar procesos de alta demanda operativa como el onboarding de comercios, la clasificación de giros, la atención a clientes, la conciliación, la prevención de fraude, el monitoreo transaccional y la gestión de riesgos. También puede facilitar mejores herramientas de análisis para entender patrones de comportamiento, anticipar incidencias y ofrecer soluciones más adecuadas a las necesidades de micro, pequeños y medianos comercios.
El reporte destaca que los casos de uso más comunes en la industria financiera se concentran hoy en funciones internas: automatización de procesos, visualización de datos, desarrollo de software y gestión de conocimiento. También identifica como casos relevantes la atención al cliente con IA, la detección de fraude y el modelado de riesgo crediticio.
Esto confirma una tendencia importante: la primera ola de adopción de IA en servicios financieros no necesariamente está reemplazando modelos de negocio, sino mejorando la forma en que las organizaciones operan. Para los agregadores, esto representa una oportunidad clara: usar la IA para hacer más eficiente, segura y escalable la infraestructura que permite a millones de comercios aceptar pagos digitales.
Sin embargo, la oportunidad viene acompañada de responsabilidades. El reporte identifica como principales riesgos la privacidad y protección de datos, los resultados poco confiables o “alucinaciones” de los modelos, la ciberseguridad, la pérdida de supervisión humana, la dependencia de terceros tecnológicos y la falta de explicabilidad de algunos sistemas de IA.
Por ello, el uso de IA en pagos no debe verse únicamente como una agenda tecnológica, sino también como una agenda de gobernanza. Para que la IA genere confianza, las empresas deben fortalecer sus controles internos, definir criterios claros de responsabilidad, mantener supervisión humana en decisiones sensibles y asegurar que los modelos utilizados sean trazables, auditables y proporcionales al riesgo.
También será necesario avanzar hacia una conversación regulatoria más clara. El reporte muestra que tanto industria como reguladores coinciden en la necesidad de contar con mayor orientación regulatoria, así como con principios sólidos en materia de privacidad, responsabilidad y supervisión humana.
Desde ASAMEP, esta discusión es relevante porque los agregadores son un puente fundamental entre la infraestructura financiera y los comercios que buscan integrarse a la economía digital. La IA puede ayudar a que ese puente sea más eficiente, seguro e incluyente, siempre que su implementación esté acompañada de buenas prácticas, gestión de riesgos y colaboración entre industria, autoridades y proveedores tecnológicos.
La inteligencia artificial no debe verse como un fin en sí mismo. Su verdadero valor estará en cómo contribuya a resolver problemas concretos: más comercios aceptando pagos digitales, mejores herramientas contra el fraude, menor fricción operativa, mayor trazabilidad, mejor experiencia para usuarios y un ecosistema financiero más moderno, seguro e incluyente.
Para México, la pregunta ya no es si la IA llegará a los pagos digitales. La pregunta es cómo aseguramos que su adopción ocurra con responsabilidad, confianza y visión de largo plazo.
